Políticos en pelota picada
Opinión

Políticos en pelota picada

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mayo 08, 2014
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No sé qué diría Thomas Hobbes respecto del eufemismo que ha hecho carrera entre los observadores de la actualidad nacional: la política es dinámica. Lo que sí, es que comprobaría, cuatro siglos después, que además de que el Leviatán goza de cabal salud, su teoría de que los demás son obstáculos —enemigos con los cuales hay que competir— para la concreción de los deseos propios, es lo del diario. Sobre todo por cuenta de tantos políticos que vuelven trizas cualquier planteamiento filosófico que se les atraviese. Para ellos el ejercicio de la política significa salirse con la suya, en un pulso infinito de vanidades. Homo homini lupus y punto. De ahí que la política que conocemos sea hipócrita, perversa y caníbal. Jarta.

A Fernando Vallejo lo tiene vomitando. Nos dimos cuenta en su reciente intervención de la Filbo, en la cual, antes de concluir que la opción más sensata para las elecciones que se avecinan es votar en blanco y sanseacabó, hizo un recuento como solo él lo sabe hacer —visceral, irreverente, exagerado, irónico y muy bien escrito— de la mal disimulada ambición de poder que ha movido a los gobernantes colombianos, explayándose en el candidato presidente. Y, aparte de que uno puede estar o no de acuerdo con lo que dice, hay que reconocer que ninguna pluma tan libre como la suya. (A mí me hace reír y rabiar y pensar; me encanta Vallejo). No tiene pelos en la lengua y por eso se escandalizan muchos de los que, seguro, no se escandalizan ni un tris con los políticos que no tienen hígados.

De otro lado, y dejando atrás las buenas plumas —por fortuna son muchas, aquí y ahora—, leí el libro de Vicky Dávila, Enemigos, y casi me pasa lo de FV. Quedé con náuseas. Lo leí por puro interés periodístico, que para alimentar el espíritu las publicaciones de ocasión no son las más indicadas. Pero no perdí el tiempo, a pesar de que el culebrón protagonizado por el presidente y el expresidente lo hemos presenciado capítulo a capítulo usted y yo, los vecinos y los demás. En los periódicos, en las revistas, en la radio, en la tevé y, especialmente, en Twitter —a twitterazo limpio—, hemos sentido hasta las mitocondrias la vergüenza producida por este show mediático, en el que, si bien son los contrincantes quienes se lanzan los platos, es Colombia la que, ante los ojos del mundo, queda con la cabeza llena de moretones. (Ay, país).

El libro es un recuento del asunto Uribe-Santos que hace una experimentada reportera, valiéndose de testimonios de primera mano de los personajes principales y de varios secundarios que conocen de cerca –que azuzan, incluso– las posibles causas y la evolución de la mutua animadversión. Hay que leerlo rápido, como rápido fue escrito para que no se le pasara el arroz. Rapidez que se nota porque la puntuación —las respuestas de algunos entrevistados parecen cantinflescas—, la digitación —quiero achacarle a esta perlas del estilo “la obediencia de vida”, por “obediencia debida”, que pone en boca del general Javier Rey en la p.162 y repite en sus propias palabras, en la p.163— y la sintaxis, por ejemplo, no resisten el análisis. Lo dicho: Enemigos no es una obra literaria para recomendar; es un documento de archivo para periodistas y lectores interesados en seguirle la pista a los entresijos del poder político en Colombia. Si fue ese su objetivo, vaya si lo logró; varios de los entrevistados, sin proponérselo, quedan ante el respetable en pelota picada. Tal y como son.

¡Misión cumplida!, anota VD como punto final de su trabajo mientras, dice, se va con una sonrisa y mientras, digo, me quedo con ganas de vomitar. Con la sensación de que todo lo que rodea las campañas, las alianzas, las candidaturas y los equipos de gobierno es denso y pesado. Empezando y acabando por la Casa de Nariño, una caldera del diablo en la que lo que se ve no es lo que hay. (Todos son obstáculos para las ambiciones de todos, isn’t true, Hobbes?) De ahí que vocablos como amistad, afecto, lealtad, sinceridad…, hayan sido desplazadas de esos predios por otras como: interés, utilitarismo, oportunismo, mezquindad… Qué ganas de vomitar.

COPETE DE CREMA: A vuelo de pájaro, no hay espacio para tanta gente, así son algunas de las “selfies” que incluye el libro. Las de Tomás Uribe y Martín Santos reflejan el corazón; las de Juan Lozano, Angelino Garzón y Humberto de La Calle, la decencia; las de Óscar Iván y Germán Vargas, el afán de llegar; la de Armandito Benedetti, el correveidilismo; la de Pacho Santos, la ambición locuaz; la de José Obdulio, la calculada suficiencia; y así. Pero al que peor le va con el autorretrato, debido a que pudiendo haber ayudado a limar asperezas entre los actores del conflicto —gracias a la cercanía que en su momento tuvo con los dos— no solo no lo hizo, sino que se dedicó a soplar la candela, es al exministro Gabriel Silva Luján; se le ve patente el cobre.

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