A Juana Actosta por allá en el año 2000 empezó a sentir que el país le quedaba pequeño. Estaba en la cresta de la ola a sus 24 años. Tenía una fanaticada y trabajo asegurado, pero quería más. Sabía que las posibilidades para su talento eran limitadas y, además, le gustaban los retos. Así que se fue para España. Ya lleva 21 años allá. Una serie de tragedias personales no la han aminalado.
Álvaro Acosta era uno de los hombres más guapos de Cali. Alto, un rebelde mechón de canas que nunca se dominaba, los ojos azules profundos. En 1994, en un hecho confuso, fue asesinado. Su hija menor, Juanita, tenía 16 años. Estudiaba en un colegio francés y al enterarse creyó que el mundo se le abría y se la comía. Veinticuatro años después, cuando esporádicamente regresa a la ciudad, se le acercan mujeres al borde de los sesenta, la abrazan y le recuerdan lo amable, simpático y carismático que era su papá. El entierro Juana todavía lo recuerda impresionada. Desde todas partes de Colombia llegaron para despedirse del gran Álvaro.
Su bálsamo fue la televisión. Juana viajó a Bogotá a estudiar Bellas Artes en la Universidad de Los Andes y de la mano de Julio Sánchez Cristo debutó en televisión presentado el programa Panorama cuando aún tenía 16 años. Paralela a esa actividad Juanita empezó a recibir clases de actuación con el maestro Alfonso Ortiz.
De Colombia no sólo le cansaba la violencia sino su fama cada vez más creciente. Tenía 24 años y ya no recordaba cómo era ir a comer helados sin que la detuvieran a tomarse una foto o a pedirle un autógrafo. Durante cuatro años estudió en Madrid bajo la tutela del maestro de la actuación el argentino Juan Carlos Corazza quien ha preparado los casting para películas ganadoras del Oscar como Sin lugar para los débiles de los hermanos Coen y la ya mítica Mar adentro de Alejandro Amenábar. Se devolvió por falta de plata. En Colombia apenas trabajó en ese lapso pero regresó, cuatro años después, con todo a España, y triunfó.
Se casó con el actor español Ernesto Alterio con quien tuvo a Lola, su única hija y de quien recientemente se separó. Incorporó el acento español y empezó a aparecer en telenovelas. Cuando las cosas empezaban a marchar en forma en España vino el otro sacudón: El suicido de su hermano Alvaro José en Colombia. Álvaro llevaba años deprimido. Había sido un corredor de bolsa exitoso. Como premio a su gestión la empresa en donde trabajaba le dio un premio, unas semanas de vacaciones en Río de Janeiro. Allí le dio un derrame cerebral y estuvo un mes en coma. Sobrevivió, regresó a Colombia pero nunca fue el mismo. Ni siquiera podía hablar bien. Empezó un descenso vertiginoso a lo más profundo de la depresión del que saldría de la peor manera, pegándose un tiro en la cabeza. Para Juanita fue un golpe brutal.
En España sigue siendo grande. En El Inocente, la perturbadora serie de Netflix, interpreta a una mujer misteriosa cuya muerte desencadena una serie de eventos espeluznantes. Ella está, a sus 44 años, como siempre, magnífica.