Se fue la ministra camarada de trabajo sin ton ni son. Se fue la ministra camarada de trabajo y quedó claro que ya no buscan la revolución del proletariado, quizás es futurista y avizora que el proletariado está en vías de extinción, la inteligencia artificial acabará con gran porcentaje de la mano obra obrera, o de trabajos mecánicos y la revolución se hacía con ellos.
Marx no fue tan futurista como lo defienden sus apóstoles. La camarada ministra no pudo sacar adelante la reforma laboral estrella, por fuertes contradicciones con la egoísta y avariciosa clase empresarial, pero tampoco sacó adelante una reforma laboral concertada, ellos practican el todo o nada, propio de los camaradas.
La reforma pensional pasó previa entrega del patrimonio público de sus empleos y contratos a los legisladores que la apoyaron, pero con vicios de trámite por el afán. En esta se sacrifica a las nuevas generaciones que parece no han reaccionado por lo que les espera. Tal vez ellos no creen en el futuro. De todas formas está pendiente su continuidad mientras la corte constitucional no se pronuncie.
Era la llamada a poner orden al caótico y destrozado movimiento sindical, pero prefirió consentir a sus viejos aliados camaradas y electores, qué modernizar ese arcaico y funcional movimiento sindical.
La ministra camarada fue el peor ejemplo, o tal vez el mejor, al interior de un ministerio de caos administrativo, con rencillas de poder interno, con funcionarios acosadores, un derecho de petición lo responden al año, o una certificación de registro sindical a los meses.
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